sábado, 14 de enero de 2017

Las fronteras culturales: el Islam y la imprenta

Las fronteras: esas líneas, imaginarias o no, que dividen dos espacios, dos países, dos mundos... En esta ocasión venimos a hablar de las fronteras culturales. 

Dichas fronteras, referidas por importantes historiadores como Fernand Braudel ya en la primera mitad del siglo XX (él hacía referencia al Rin y el Danubio como fronteras culutrales desde Roma hasta la Reforma) no son necesariamente físicas, sino que tienen que ver con el choque o encuentro de dos ámbitos culutrales distintos. Dichas fronteras son muy atractivas para quien se interesa tanto por los tiempos pasados como para quien estudia la actualidad, y existen dos maneras fundamentales de interpretarlas. En primer lugar, como barreras, tal y como se han visto tradicionalmente; en segundo lugar, como zonas de contacto, visión que ha ido ganando peso con el tiempo. Ambas interpretaciones son aceptables e interesantes para el análisis de dichas fronteras culturales.

Hay multitud de ejemplos históricos de la existencia de las fronteras culturales, aunque se pueda argüir que muros y alambradas no son lo suficientemente efectivos para detener el tráfico de ideas. En este caso vamos a hacer referencia a una frontera cultural concreta, y más aún, a una situación concreta dentro de esa frontera, la que se refiere a la tardía implantación de la imprenta en los territorios islámicos.

Impresores valencianos del siglo XVIII
El ámbito islámico, formado por los imperios otomano, persa y mogol, conocidos como «los imperios de la pólvora», se ubicaba en una posición geográfica medianera entre las dos áreas culturales en las cuales la impresión de libros estaba a la orden del día tras la invención de la imprenta: Europa y el Extremo Oriente. A pesar de que dichos imperios no recelaban de las innovaciones tecnológicas en otros ámbitos, su reticencia al uso de la imprenta se alargó hasta el año 1800, aproximadamente, fecha hasta la cual siguieron generando su producción literaria únicamente a través de manuscritos. Braudel, a quien ya hemos hecho referencia, utilizaba la expresión «resistencia a tomar prestado» y «rechazo» para hablar de las resistencias de determinadas civilizaciones a acceder al uso de novedades culturales venidas del extranjero relacionándolo con su propia capacidad de supervivencia (Braudel se refería concretamente a la resistencia a la Reforma en la Europa mediterránea y la resistencia de los japoneses al uso cotidiano de mesas y sillas).

Para ilustrar la fuerza de la resistencia a la imperenta se puede acudir a un hecho sucedido en el Estambul de principios del XVIII. Un antiguo pastor protestante húngaro convertido al Islam remitió un escrito al sultán en el que elogiaba las bondades de la imprenta, gracias a lo cual se le permitió en 1726 la impresión de libros no religiosos. La oposición de los líderes religiosos del Islam, no obstante, provocó que la vida de esa imprenta no fuera duradera y que sólamente se imprimieran unos cuantos libros. 

Fuentes 

  • Burke, Peter (2016) ¿Qué es la historia cultural?, Paidós, Barcelona
La ilustración ha sido tomada de aquí.  

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